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Pasa el tiempo y todavía no encuentro la razón por la que quiero ese maldito reencuentro.
Me dejo caer en tus manos como si fueras un mago que me conquistó con un mísero y gracioso halago...
Pero la verdad sólo me usaste como a un trapo en aquel cuarto.
No me robaste la inocencia ni la vergüenza...