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pies al cielo
al compás de las copas
y una microfauna de luz
en las retinas
pescaba un carancho
de marrón latiente
cuando la tibieza de sus patas
me amasó el vientre
y vi la muerte
en el sol hachado al medio
las hormigas tienen prisa
ella, pelo ralo,
ojos embalsamados
ronronea por lo bajo
y...
Silencio no es vacío,
sino resolución.
Sonríen los espejos:
dientes de mate,
devoción perruna;
las manos como balde
de un aljibe insondable.
Pero ¡no te agobies!
Tengo el alma calibrada,
cual fusil de precisión.
Sólo doy lo que me sobra
—llamémosle limosna—
aunque te parezca un montón...
Roza el suelo la penúltima palabra. Desafío al invierno haciendo acopio de las letras del suelo, que vuelvo a pegar donde encuentro un hueco: entre las mechas del flequillo, en el ombligo, a lo largo de mis brazos. Las ansias de volver a empezar agitan las alas de mi gamulán de mariposas.
Y te...
Bendito sea el éxodo de la tarde, las fachadas anaranjadas y los árboles de dos caras.
El rosal y el malvón se disputan los vestigios de fucsia; brota un epílogo con sabor a lunes de la garganta de una calandria. Contra el cielorraso de rosadas nubes, pinceladas de amargura, una araña panzona...
Sucumbió a las directivas de un renglón, a la mullidez del sofá de los domingos. Afuera sigue nublado, pero adentro salió el sol; la luz delimita con nitidez los contornos de los cuerpos. Desde hoy, la silla será silla para siempre (ni espera, ni compañía, ni mucho menos roble), se apilarán los...
Llega el otoño a podar
los chupones de a renglones
las ideas sin savia
y sus letritas rococó
para que se abra, ocre, el telón
a la más sobria hermosura
del vigor que florece
en la desolación.
NATALIA DOÑATE
Tracé una línea de llegada
con vocación de espejismo
para sueños vectoriales
propulsados por vacío.
¡Disfrutad, tortugas,
del aplauso colectivo!
NATALIA DOÑATE
Princesa de un cuartito de chapa,
ratón de biblioteca.
Musa,
de sonetos triunfantes
que adornaron mi frente,
cual laureles de jardín.
Yo, victoria desalada,
en caparazón de tortuga,
juro cosechar tus yerbajos
como a fresas maduras.
¡Ay, la terquedad del amor!
No éramos nadie:
abuelo y nieta...
Treinta y tres años después
todavía eran las seis.
Aflojé el broche mariposa
y cayó el atardecer
en la galaxia de cartón gris
olvidada en mi banco
¿segunda fila? de tercer grado.
NATALIA DOÑATE
Los cerebros empañados no se arreglan con colirio. El rosal de la entrada debió de abrir su regalo fucsia ayer, a la sombra. Veo pasar el envoltorio arrugado, rodando sobre el viento. La corona virgen, aunque oxidada, todavía se aferra a la esperanza de un florero.
En este lado del paraíso...
Podría habernos escrito tal y como estábamos ahora.
Desde un futuro libre del peso de la incertidumbre, devoro una manzana hasta el hueso. Su interior sabe a tierra y podredumbre. De haber registrado el ayer, hoy sería como si te estuviera viendo. Con andar sigiloso te acercás al gato de tu...
Hola Pedro, muchas gracias por tus conmovedoras palabras :) Por suerte se trata de barreras naturales en mi caso; un hijo que se está haciendo adulto. Saludos y que tengas un lindo día.
El xilofón de chapa y lluvia
custodia tu sueño
donde otrora hubo nanas
y nos une en un abrazo
que se burla de las puertas,
pues, cerradas, ¡no separan!
Son meras válvulas
de un mismo corazón
que hoy pugna por abrirse
—hijito, ¡lo sé!—
un camino azul o rojo
bombeado por tus pies.
Por mi parte...
Soltar no es epifanía
para mis aletas de foca;
sus adioses son libres
de moretones.
Así, los globos vuelan
a ser aire con el aire
y llueve papel picado
de sus membranas de cartón:
ayer nomás
fueron tapa
¿quién lo diría?
de mi cuaderno de química.
NATALIA DOÑATE
todos los azules
sosteniendo una ciudad blanca
de fronteras cinceladas
arriba, arriba
y abajo, lanchas
que al empacarse
entregan su estela;
saciando el mar
a colas de lagartija
martillazos de progreso
una grúa amarilla
marcan los pasos
de lo que ya no palpita
NATALIA DOÑATE
nataliadonate
Final abrupto para el sendero
que hoy yace bajo agujas de pino
y es apeadero de ardillas y ciervos,
derrotero de errantes, amarre de pléyades;
el pozo donde ayer tropieza
y yo despego.
NATALIA DOÑATE
https://nataliadonate.com/
Agua rumorosa de valles ajenos,
que en el propio se estanca
y son sus lucecitas alegres
festín de escuerzos y ranas;
la ruta que conduce a un cielo,
de plata adulterada;
las nieves del Kilimanjaro.
—¿Y usted, corazón insensato, todavía pretende alcanzarla?
NATALIA DOÑATE...
ese sitio que buscábamos
yo ya lo encontré,
sola y con vos
la noche a los pies
¿cómo señalarlo?
preguntar es, por fuerza,
mirarse al espejo
por eso te miento
todas las veces
lo sabe cualquier animal:
la verdad viene antes
que la letra “A”
revelar mundos
en un cuarto sin paredes:
eso es...