Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Aún queda en este lecho el vago rastro del fuego que encendiste con tu boca, y el alma, que de amarte se hizo roca, padece la orfandad de su astro.
Tus dedos fueron redes en mi talle, sublime vibración de piel y anhelo, mas hoy se tiñe el mundo de tu hielo y no hay un solo dios que me acompañe...