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Observaba,
y observaba,
el mundo turbio
que al mismo tiempo
me devolvía la mirada.
Sus ojos me comían,
me enterraban,
me lanzaban...
Chocaba,
y aún así,
miraba y miraba,
sus ojos tristes;
que lloraban
y gritaban.
Me perseguía,
la derrota del mundo;
me perseguía
triste y moribundo;
su victoria...
He de caminar por el viñedo,
al lado del cadáver,
de quien he asesinado por miedo,
de la puesta que perdí.
Viene caminando a mi lado,
con su rostro pálido,
y dedos hechos piedra.
¡Toca mi rostro!
¡He sido un perdedor!
¡Sigo caliente y sano!
¡Tú has sido el ganador…!
No lo entiendo...