Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Por años consultaba compendios de demonología. Se empeñaba en reconocer algún ente que satisfaciera ese insólito fetichismo.
Su costumbre, al llegar a casa, era ordenar el altar y besar alguna de las patas, mientras musitaba dulcemente: «¡Oh, diablito mío!»