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Buen día, te dije,
cuando amanecí entre tus sombras,
¡qué hermoso día!
no sé si dormías
o si eras el brillo que me inventaba.
Me vestí como pude
y fui por una hogaza de pan.
Sé que te encantan las tostadas.
- ¿Cómo anda el señorito?
- ¡Qué temprano esta mañana!
Me sonrió doña Paula.
- ¿Lo de...
Me tomo un té, una infusión
con ligero aroma a amaretto con miel
pero me genera confusión
que no estés aquí conmigo,
acompañandome, conversando,
incluso chismoseando
sobre cosas, personas
que no nos incumben.