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Sentado en el trono de dios,
la avaricia de su mente, desgarrada,
envenena mi sangre,
la sinergia en este umbral
se hace tan pesada, tan irreal,
como la existencia en el olvido,
como la sapiencia en el descuido,
como tantas cosas
que escapan de nuestro control,
entre verdes prados mis ojos...