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He visto el alma que en mi mano ardía,
pequeña luz que el miedo ha sofocado,
pues prefiere el esclavo su pecado
a la ardua libertad de la armonía.
Alcibíades huye, y en su huida,
abraza las cadenas con premura;
le asusta el resplandor de la cordura,
le duele la verdad de mi medida.
No hay...