Sin austeridad, hambrienta la palabra,
sin palabras muere una voz,
sin sustento de renglones,
ni goce, ni entonaciones,
solo silencio y abrumadora certidumbre,
reclama la vida,
reclamar la vida,
ofuscada por deber,
por el saber de un reino boca abajo,
y se asfixia como todo, la cordura...