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Ayer, cual eco ominoso, regresaron,
la vida, un enigma sin rumbo, me aturdía,
mas esta vez, distinto a los días pasados,
ni siquiera la muerte en su manto me llamaba.
Ni el deseo de poner fin a mi andanza
logró hallar eco en mi alma quebrantada.
No fue por un corazón ya destrozado...