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No merecemos la pena
de creer en la condena,
de jugar con la miseria,
no merecemos el pecado,
ni cualquier milagro,
porque todo es promesa,
todo es fe secreta,
nada es destino,
no hay ningún inicio correcto,
ni ningún final jurisprudente,
en este mundo
no merecemos la furia,
merecemos calma...