Al calor placentero de tu estancia,
bajo el tenue fulgor de una bombilla,
se desnuda el deseo
tras notas que se ahogan en sordina.
Sones difuminados en las sombras
que perfilan un cuerpo de odalisca,
se apagan los suspiros
y se incendian con fuego mis pupilas.
Y es allí donde empiezo a...