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Legítima defensa
Legitima defensa, Señoría.
Por eso, el asesino de mis hijos
terminó con las tripas desgarradas.
Y esa es la verdad, la dura historia.
Que si mis golpes fueron más prolijos...
que si me defendí con mil patadas...
Pues perdonen, señores abogados,
los ladrones entraron...