Disecada la armonía,
parsimonia de tiempo y heridas,
acumula le decencia cada flor,
y nunca florece ni abriga,
el sol despechado,
aun mas fría la noche que la luna,
y cada día el reproche tenue,
consuela la apatía rutinaria,
abrazando a la premisa,
a la promesa de un futuro dichoso...