Porfiada se encrudece la tarde,
deslenguada por el desdén de su alarde,
no te acobardes mariposa,
que las rosas aún gimen y besan,
que las aves cantan y rozan
en ágil vuelo,
contorneando la silueta de todo dios,
y se perciben sus alas, aún más humanas,
como cristal y como carbón...