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De los colores entre mis manías y mis riquezas
El negro en el centro
El latir superior de la providencia
Y la silla que se hace vagón cuando el poeta toma asiento
El seguir con aquella excusa tan barata e invaluable
La de la esencia como síndrome de vida y de agotamiento
El del perfeccionar...
El mudo se tapó la boca y empezó a hablar.
El sordo se tapó los oídos y empezó a escuchar.
El ciego se tapó los ojos y empezo a mirar.
Y las máscaras no supieron de sus caras más.