Doce rosas
Era entonces la fría madrugada
que tendía en nosotros su misterio,
sin dormir, esa noche congelada,
te ofrecí mi gozoso cautiverio
Llegó con su mirada tiritando,
llevando entre sus manos temblorosas
manojos –parecían ir gritando
de pasión encendida–, y eran rosas.
Sus pétalos...