Qué bonito fue aquel beso
que surgió del nerviosismo,
tan etéreo,
tan efímero.
Y los miles que siguieron
excitando los sentidos,
compartiendo
los latidos.
Qué bonito el cosquilleo
que sentían, conmovidos,
nuestros cuerpos
al unísono.
El atisbo del deseo
de los labios primerizos,
inexpertos
al...