José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
―¡So!
Descabalgó exhausto y cayó al suelo; las espuelas de sangre se engancharon. Su fiel equino renqueaba, pero nunca antes se había quejado. En esta ocasión tampoco, pero se alzó de manos y lo pateó. Le echó una mirada con desprecio y se alejó dejando sus restos para los buitres. Nadie le lloró.
A partir de entonces, cada diez de diciembre se oye un relincho.
¡Que reclama algo más que un nombre!
(El 10 de diciembre, entre otras efemérides, como la de los Derechos Humanos, también se conmemora el día internacional del derecho de los animales, para divulgar, reflexionar y actuar por su bienestar.)
Descabalgó exhausto y cayó al suelo; las espuelas de sangre se engancharon. Su fiel equino renqueaba, pero nunca antes se había quejado. En esta ocasión tampoco, pero se alzó de manos y lo pateó. Le echó una mirada con desprecio y se alejó dejando sus restos para los buitres. Nadie le lloró.
A partir de entonces, cada diez de diciembre se oye un relincho.
¡Que reclama algo más que un nombre!
(El 10 de diciembre, entre otras efemérides, como la de los Derechos Humanos, también se conmemora el día internacional del derecho de los animales, para divulgar, reflexionar y actuar por su bienestar.)