Para tu Vals of Death
Ya no, querida mía, no me esperes.
No te daré más versos
ni de la oscuridad haré promesa
de paraísos ígneos en la piel.
Estoy algo cansada
y estoy triste.
Un vals que dice muerte me toma la cintura
y me besa la frente con su íntima nostalgia.
Danzo con su impiedad de sueños vanos
y sus dedos son áspides
en mis hombros desnudos.
Esta noche te quedas en tu cárcel
con tu lío de sueños
y diminutas alas calcinadas.
Yo he de bailar, ebria de decepciones,
la última tortura del amor
hasta caer rendida en su soberbia.
Me abrazaré a su voz una vez más
y correrá mi llanto en el teléfono,
manchará las palabras de sus cartas
hasta crecer olvido en cada letra,
para que entienda aquél
que se empeña en atar a mis tobillos
la egolatría de un amor difuso,
que ya no se creer,
que ya no quiero
mi sangre empobrecida entre sus manos
y es la paz de un adiós
la única eternidad que ahora pido.
Hoy no, ni aun mañana,
mi fiera postergada de ilusiones,
me busques: no regreso a tus infiernos.
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