MARIANNE
MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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No pude tener la beldad de las flores,
ni el olor de una rosas con su esplendor,
marginaron las miradas por el candor
de otros ojos marrones casi seductores.
No estuve bajo aquellos reflectores,
que irradiaban finezas con el grandor
de un cuerpo que vestía un provocador
atuendo en aquellos exclusivos vestidores.
Nunca fui hermosa, era algo invisible
bajo la tormenta, mis manos estropeadas
moldeaban instantes en la irreversible
promesa de viejos amores, ultimadas;
así me veían los cobardes en el terrible
instante en que las ganas eran lapidadas.
Marianne