La Corporación
Poeta veterano
desde los congales del vaticano
ya casi resurrectos
la extensión de tus piernas,
rios celestes que cruzan pestañas(*)
varones sin remedio
para incrustarse en mis ojos,
para alentar la agonía de mis manos
 
la queratina que le sobra a tu pubis,
cuando depilas tus gritos
sobre mi piel
antes de ponerte el tanga de moda
 
el lunar que habita tu nalga,
que se emborracha de mi saliva
hermana de oficio
y saborea el galipote de mis caderas
en la pasarela del deceso
 
la sombra
que se corría buscando la tuya
mar de aquellos bares
que nos sirvieron de refugio
cuando el mundo era el enemigo
y yo una noche inmunda
 
el trozo de carne
que te llevabas a la boca
a tu vagina y a tu corazón
-después de vomitar
no te quedaba más remedio
que admitir
que estabas tan sola como yo-
 
y esa lágrima amarga
resignada
llena rabia
que siempre cae
por el farallón
de tu alma
he querido
ser
yo
hno renato vega
(*) verso robado al gran poeta romántico José Villa
ya casi resurrectos
la extensión de tus piernas,
rios celestes que cruzan pestañas(*)
varones sin remedio
para incrustarse en mis ojos,
para alentar la agonía de mis manos
 
la queratina que le sobra a tu pubis,
cuando depilas tus gritos
sobre mi piel
antes de ponerte el tanga de moda
 
el lunar que habita tu nalga,
que se emborracha de mi saliva
hermana de oficio
y saborea el galipote de mis caderas
en la pasarela del deceso
 
la sombra
que se corría buscando la tuya
mar de aquellos bares
que nos sirvieron de refugio
cuando el mundo era el enemigo
y yo una noche inmunda
 
el trozo de carne
que te llevabas a la boca
a tu vagina y a tu corazón
-después de vomitar
no te quedaba más remedio
que admitir
que estabas tan sola como yo-
 
y esa lágrima amarga
resignada
llena rabia
que siempre cae
por el farallón
de tu alma
he querido
ser
yo
hno renato vega
(*) verso robado al gran poeta romántico José Villa
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