Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Se cierra una vez más,
el cántico en susurros,
con lágrimas cayendo a borbotones,
con la quimera sanguinolenta,
de una flema nauseabunda,
Así el final carcome el tiempo,
con los huesos en el cementerio,
con el recuerdo de las ganas,
insólitas memorias,
recorridas a pie... muerto...
Eclipse que oculta el sello,
donde ya no hace falta vivir,
donde ya no hace falta suspirar,
si ella lo arrebató,
si ella lo destruyó...
Con vértices y bordes,
retocados de amargura,
que ahora quedan cicatrices vanas,
profundas e irreparables,
con el sangrar eterno,
y el cruel suplicio... de caminar,
Mieles amargas,
entre nudos torcidos,
que clavan los colmillos,
en distantes lugares,
alma, mente y corazón...
Este último ya no me sirve,
si lo he venido regando en el paseo,
con las flores que se deshojan,
como cruel marchitar de otoño,
en carrera con el destino,
que pisoteo mis sueños,
transformando lo puro en pesadillas,
Devastador, incordio y funesto,
así fueron las últimas esquelas,
reventadas en aceite,
con rapidez para perder la pista,
entre la oscuridad de la mentira,
con alas de noche...
Confuso susurro...
confusas notas,
que se armonizan al tic tac,
de manecillas invisibles,
con garras opresoras,
que resuenen en mis oídos,
al marcar las doce campanadas,
Tumba serena,
mieles dulces,
que el descanso eterno,
traiga la máscara de cordura,
si al saberte perdida,
grite tu nombre a la nada...
Si al saberte de la Muerte,
bebí el ajenjo en tu nombre,
balbuceando estupideces,
perdiéndome entre pasillos discordantes,
que enfilen a un paraíso de crimen,
donde ahora... yazco... desangrándome,
por infame herida,
¡Bien recibida por él!
que palpitó hasta el último instante,
¡Por ti y para ti!
y sirva esta frío mausoleo,
como merecido Osario,
para mis últimas líneas...
Escritas con la sangre,
que llevó tu nombre,
con el aliento que termina,
ese que robó de tus besos,
y un cerrar de ojos,
esperando tus brazos...
Más se que es inmerecido,
pero...
¿No vale la pena morir soñando?
y dejar a un lado la tristeza...
porque de llanto... estoy seco,
de maldiciones mi garganta seca,
de vida.... últimos segundos....
Así... quede... mi memoria...
L.V.
el cántico en susurros,
con lágrimas cayendo a borbotones,
con la quimera sanguinolenta,
de una flema nauseabunda,
Así el final carcome el tiempo,
con los huesos en el cementerio,
con el recuerdo de las ganas,
insólitas memorias,
recorridas a pie... muerto...
Eclipse que oculta el sello,
donde ya no hace falta vivir,
donde ya no hace falta suspirar,
si ella lo arrebató,
si ella lo destruyó...
Con vértices y bordes,
retocados de amargura,
que ahora quedan cicatrices vanas,
profundas e irreparables,
con el sangrar eterno,
y el cruel suplicio... de caminar,
Mieles amargas,
entre nudos torcidos,
que clavan los colmillos,
en distantes lugares,
alma, mente y corazón...
Este último ya no me sirve,
si lo he venido regando en el paseo,
con las flores que se deshojan,
como cruel marchitar de otoño,
en carrera con el destino,
que pisoteo mis sueños,
transformando lo puro en pesadillas,
Devastador, incordio y funesto,
así fueron las últimas esquelas,
reventadas en aceite,
con rapidez para perder la pista,
entre la oscuridad de la mentira,
con alas de noche...
Confuso susurro...
confusas notas,
que se armonizan al tic tac,
de manecillas invisibles,
con garras opresoras,
que resuenen en mis oídos,
al marcar las doce campanadas,
Tumba serena,
mieles dulces,
que el descanso eterno,
traiga la máscara de cordura,
si al saberte perdida,
grite tu nombre a la nada...
Si al saberte de la Muerte,
bebí el ajenjo en tu nombre,
balbuceando estupideces,
perdiéndome entre pasillos discordantes,
que enfilen a un paraíso de crimen,
donde ahora... yazco... desangrándome,
por infame herida,
¡Bien recibida por él!
que palpitó hasta el último instante,
¡Por ti y para ti!
y sirva esta frío mausoleo,
como merecido Osario,
para mis últimas líneas...
Escritas con la sangre,
que llevó tu nombre,
con el aliento que termina,
ese que robó de tus besos,
y un cerrar de ojos,
esperando tus brazos...
Más se que es inmerecido,
pero...
¿No vale la pena morir soñando?
y dejar a un lado la tristeza...
porque de llanto... estoy seco,
de maldiciones mi garganta seca,
de vida.... últimos segundos....
Así... quede... mi memoria...
L.V.