abcd
Poeta adicto al portal
Aunque la noche se olvide las estrellas
en el átomo sonriente de la baba de un caracol.
Aunque la lluvia
sea adentro y afuera,
y sus diamantes hermosos
tracen jeroglíficos
desde la garganta
al beso del suelo en los dedos
de nuestras mariposas ebrias, dormidas.
Aunque la llama del sol
despegue el alma de la piel
y las niñas hormigas
sean dulces tentaciones
naciendo de la sed pecaminosa.
Aunque los trenes paren de llorar
y los dragones estén dispuestos a volar por ti, a tí.
Y los restos de cenizas que el viento empuja
se vayan hasta tu estación
por vernos perdidos en el cauce
de la malformación de un corazón sangrante...
Aunque el ahora no tenga principio
y el final sea el mismo para el barco
que siempre que zarpó cayó en tempestad.
Aunque caiga de la inicial de tus huesos
y tus manos, alondras,
me estampen con el grito más simbólico
entre las piernas, acuarelas de tu nostalgia.
Aunque en mis muertes
tu almohada se distienda
y se crea capaz de abrazarte los sueños
y vengan, centenares de duendes
por el oro de tu escote, luz, sien....
Aunque me ames.
Aunque me odies.
Aunque me ignores hasta en el regreso
de tus manos a las mías.
Aunque tatuados de ojos
nos veamos a ciegas
en la distancia más austral del sentimiento.
Yo, prometo estar ahí.
Esperando el abrazo,
la caricia, el silencio,
el verdadero dolor de nosotros dos.
No hay distancia ni tiempo. No hay, no hay...
en el átomo sonriente de la baba de un caracol.
Aunque la lluvia
sea adentro y afuera,
y sus diamantes hermosos
tracen jeroglíficos
desde la garganta
al beso del suelo en los dedos
de nuestras mariposas ebrias, dormidas.
Aunque la llama del sol
despegue el alma de la piel
y las niñas hormigas
sean dulces tentaciones
naciendo de la sed pecaminosa.
Aunque los trenes paren de llorar
y los dragones estén dispuestos a volar por ti, a tí.
Y los restos de cenizas que el viento empuja
se vayan hasta tu estación
por vernos perdidos en el cauce
de la malformación de un corazón sangrante...
Aunque el ahora no tenga principio
y el final sea el mismo para el barco
que siempre que zarpó cayó en tempestad.
Aunque caiga de la inicial de tus huesos
y tus manos, alondras,
me estampen con el grito más simbólico
entre las piernas, acuarelas de tu nostalgia.
Aunque en mis muertes
tu almohada se distienda
y se crea capaz de abrazarte los sueños
y vengan, centenares de duendes
por el oro de tu escote, luz, sien....
Aunque me ames.
Aunque me odies.
Aunque me ignores hasta en el regreso
de tus manos a las mías.
Aunque tatuados de ojos
nos veamos a ciegas
en la distancia más austral del sentimiento.
Yo, prometo estar ahí.
Esperando el abrazo,
la caricia, el silencio,
el verdadero dolor de nosotros dos.
No hay distancia ni tiempo. No hay, no hay...