Ha pasado mucho tiempo y los años transcurren eternamente y derrumban a veces lo que ha costado levantar. Marcha incesantemente la vida, nada se detiene y en su afán de llegar a un fin desconocido los días, el tiempo nos arrastran en su loca y desenfrenada carrera. ¿Puede acaso alguien salvar algo querido de esa vorágine? No ¿Puede acaso alguien volver a vivir el pasado? No, otras luchas, otras metas cubren con su manto de esperanza lo que la vida de zarpazo nos arrancó. Si nos han hecho sufrir y llorar los años se encargaran de pagarnos y si nosotros fuimos lo que no comprendimos y hemos hecho desangrar ya lo pagaremos. Porque en esta vida nada queda sin saldar; esa es la ley; esa es la vida. A veces pienso en Juan. ¡Pobre Juan!, lo lloraron sus hijos en la vigilia nocturna cuando miraron su rostro contraído. Tan serio ocultando la alegría derrochada en la mesa; junto a ellos y a su esposa que hoy sin quererlo llora su amor y junto a el comparte el asombro que ha tenido y que en sus ojos talló la muerte galopando el rayo que escondido hirió su corazón. ¡Pobre Juan que diariamente dominaba la energía con sus manos obreras! ¡Que trepaba las columnas con alma de pájaro y que en la altura achicaba la visión de las cosas que amaba! ¡Que con sus amigos (y me incluyo) volvíamos y reíamos con el vino en la mesa marrón! ¡Que seriedad de sombras y nostalgias tiene tu rostro aún caliente! ¡Cuantos besos te llevas a la tumba en los labios que tan frios queriendo despertarlos a la vida besa aún tu compañera! ¡Que veloces secuencias te mostraron de tu vida los mensajeros de la muerte!. Y si......mientras el abismo, monstruoso y oscuro tu juventud atrapaba y fulminaba con 33.000 voltios de horrendo rayo tu vida plena de gracia y de amor, tus hijos y ella, tu compañera se empequeñecían en aquella tarde de muerte. ¡Pobre Juan! Su espectro solitario vagará en las noches. La mesa marrón extrañara tu vino.
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