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Qué tristeza me embarga, mi lector, mi alma de aventurero pescador acaso se ha quedado, como isleño, en los días de infancia ¡dulce sueño!; siempre extraño el murmullo de las olas, el jazmín, la astromelia y amapolas; el olor a pescado y caracol; ¡Mirar las golondrinas rumbo al sol! y guardo un sentimiento un tanto raro: ¡Que sepulten mi cuerpo al pie del faro donde antaño volé mi papalote !, porque dejé empeñada en ese islote la mitad de mi vida mi razón, cuando en su puerto anclé mi corazón.
Gracias Ana Mar. En realidad fue una ocurrencia poner "que sepulten mi cuerpo al pie del faro...", pues en Cozumel, el cementerio está justamente atrás (casi al pie) del faro. Una vez más gracias por tu amable comentario.