Troto
Pablo Romero Parada
Oye, ya pasó lo que tenía que
pasar.
No volverán las cosas a su
sitio.
No morirán, en el frescor del viento, los soslayos
bienaventurados del desconsuelo. Delmo tiene parkinson y
un ictus. Y a los noventa y cuatro, continúa reconociéndome.
No vale de nada. Eso no vale de nada, sino de muerte. Pero lo
bello, lo eterno, no luce entre los muertos, ni entre los cuerdos, ni
en Delmo. Lo bello, no luce por ningunos cuerpos, salvo en
el tuyo.
pasar.
No volverán las cosas a su
sitio.
No morirán, en el frescor del viento, los soslayos
bienaventurados del desconsuelo. Delmo tiene parkinson y
un ictus. Y a los noventa y cuatro, continúa reconociéndome.
No vale de nada. Eso no vale de nada, sino de muerte. Pero lo
bello, lo eterno, no luce entre los muertos, ni entre los cuerdos, ni
en Delmo. Lo bello, no luce por ningunos cuerpos, salvo en
el tuyo.
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