Jorge Alexander Caicedo
Poeta recién llegado
Me levanto entre las sabanas
de los días desconocidos
con los puños cerrados
como promesas antiguas.
Me deshago en la vanidad del espejo
le entrego a mi cuerpo su alimento
desbordo las calles cotidianas
me desplomo en una silla
y me sumerjo en lo aparente.
Se abren las llagas
y me siento en el fondo
de mi mismo
entre la realidad y el espanto
a contemplar
el caer de los días
rasguñados por edificios
por personas en la calle
que destilan su egoísmo.
Pasan las horas
me levanto de lo aparente
y me hecho a volar en la tarde
como un diente de león,
Llego a una casa que no ciento mía
y despierta el poeta.
Me inclino en el horizonte
perturbador en la ventana
y me muero con la luna
y su sonrisa mueca
donde muere el día.
de los días desconocidos
con los puños cerrados
como promesas antiguas.
Me deshago en la vanidad del espejo
le entrego a mi cuerpo su alimento
desbordo las calles cotidianas
me desplomo en una silla
y me sumerjo en lo aparente.
Se abren las llagas
y me siento en el fondo
de mi mismo
entre la realidad y el espanto
a contemplar
el caer de los días
rasguñados por edificios
por personas en la calle
que destilan su egoísmo.
Pasan las horas
me levanto de lo aparente
y me hecho a volar en la tarde
como un diente de león,
Llego a una casa que no ciento mía
y despierta el poeta.
Me inclino en el horizonte
perturbador en la ventana
y me muero con la luna
y su sonrisa mueca
donde muere el día.
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