EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
Sobre la rubia arena del desierto
En una enjundia el peregrino siente,
A los ojos del sol y del poniente,
El bello aroma de la flor del huerto.
Desnuda quiere de su pecho abierto
Aquel calostro de la miel caliente;
El beso de la luna y del oriente,
La savia del amor y del injerto.
El peregrino torna su mirada
Y transforma en oasis su quimera
Y tras el Ramadán o primavera,
Colige el sesgo de la encrucijada:
Amar la flor del Cairo tras sigilo
O en la margen morir del río Nilo.
(Decide amar a la flor)
(*) Dedicado a Laatiifaa deel Niiloo
(*) Dedicado a Laatiifaa deel Niiloo