Cuéntame solo verdades.
Estoy harto de mentiras
odiosas y sibilinas de tu miserable ungüento
que tantas noches fue cierto
en mi boca y en mi cuerpo.
No me dejes a la aurora y
préstame a esa hora los besos
que nunca he dado
por temor a ser esclavo
de tu vespertina calma
que arrulla voraz mi alma
a la hora más temprana.
Estoy harto de mentiras
odiosas y sibilinas de tu miserable ungüento
que tantas noches fue cierto
en mi boca y en mi cuerpo.
No me dejes a la aurora y
préstame a esa hora los besos
que nunca he dado
por temor a ser esclavo
de tu vespertina calma
que arrulla voraz mi alma
a la hora más temprana.