A la muerte del viejo ciego

sebi

Poeta recién llegado
Con ojos cansados y un sonreir medroso,
te sentabas en el banco de la plaza,
donde siempre te esperaban tus perros lazarillos
y los pájaros hijos de tus hombros.

En medio de todo, te nutrías
de los sueños abandonados en la tierra.
(Nadie más que tú
supo acompañar la primavera)

Con la ilusión de un niño,
corrías hacia las voces vecinas.
Y notabas con embeleso,
cómo lentamente se asomaban
las preguntas de los niños a sus madres,
la voz de un poeta que recitaba versos,
los gritos ahogados de mendigos hambrientos,
y muy lejano a todo, el carnaval del mundo.

Todo era hermoso en tu memoria,
todo en ella fue un poema,
un mundo de sueños fragmentados
en el surco del recuerdo.
Todo hallaba vida en tu memoria,
todo fue feliz en tu memoria.

Y fue de pronto,
que en la plaza no habían más
que perros lánguidos
y pájaros acostados esperándote.
Poco a poco ellos esbozaban en el aire
su promesa de paciencia eterna.

Viejo ciego, ya no volviste
a recoger sueños, ni a consolar primaveras.
Y contigo, no volvió la voz del poeta
que recitaba al aire sus versos.
Y contigo, también se fueron
los mendigos hambrientos.

Tras tu muerte
sólo continuaron su curso,
las preguntas de los niños a sus madres
y el carnaval del mundo.
 
muestras tristeza en esta historia de un ciego, es meláncolica tus letras, saludos

EDU
 

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