LA PARTIDA DE MI MADRE
Madre.
Hoy mi alma afligida se encuentra,
remordimientos mi mente atormentan;
desde lejos he venido a verte,
mi hermana joven se acerca llorosa,
se abraza, acurrucándose en mi pecho;
para consolar sus penas como otras veces.
Madre.
Culpa siento por tarde llegar;
se que verme querías, pero no vine,
mi trabajo siempre antepuse ante ti;
ahora ya no puedo sentir tu calor,
es tarde para poder escuchar tu voz,
Ya no sonríes, no me dices nada.
¡Dios mío¡
ayúdame, dame fuerzas;
para soportar este dolor que ahora siento;
no permitas que mi alma se destroce,
al ver frente a mi el cuerpo de mi madre muerta.
¡Madre¡
Dios me creo por intermedio de ti,
mi cuerpo con tus cuidados creció;
me enseñaste siempre la humildad,
afrontar con valor los embates de la vida,
pero sin dejar de lado la dignidad;
pregonaste en mi la justicia y la paz,
sin dejar de lado el honor y el valor.
Fuiste en mi vida como el sol que nace,
como la estrella que alumbro mis noches;
fuiste el guardián que cuido mis pasos,
la paloma blanca que adorna mi pecho;
fuiste en mi vida la heroína presente,
el Gorrión rebelde que aun habita en mi alma.
¡Madre¡
Me enseñaste a ser fuerte ante el dolor,
a ocultar mis penas dentro de mí;
a no sentirme inferior a los demás,
a pesar de nuestra pobreza cruel;
ahora, que ya nada me puedes decir;
déjame, ahora por ti derramar mis lágrimas,
como demostración de mi amor por ti.
Autor: Pablo I. Felix Loza
Madre.
Hoy mi alma afligida se encuentra,
remordimientos mi mente atormentan;
desde lejos he venido a verte,
mi hermana joven se acerca llorosa,
se abraza, acurrucándose en mi pecho;
para consolar sus penas como otras veces.
Madre.
Culpa siento por tarde llegar;
se que verme querías, pero no vine,
mi trabajo siempre antepuse ante ti;
ahora ya no puedo sentir tu calor,
es tarde para poder escuchar tu voz,
Ya no sonríes, no me dices nada.
¡Dios mío¡
ayúdame, dame fuerzas;
para soportar este dolor que ahora siento;
no permitas que mi alma se destroce,
al ver frente a mi el cuerpo de mi madre muerta.
¡Madre¡
Dios me creo por intermedio de ti,
mi cuerpo con tus cuidados creció;
me enseñaste siempre la humildad,
afrontar con valor los embates de la vida,
pero sin dejar de lado la dignidad;
pregonaste en mi la justicia y la paz,
sin dejar de lado el honor y el valor.
Fuiste en mi vida como el sol que nace,
como la estrella que alumbro mis noches;
fuiste el guardián que cuido mis pasos,
la paloma blanca que adorna mi pecho;
fuiste en mi vida la heroína presente,
el Gorrión rebelde que aun habita en mi alma.
¡Madre¡
Me enseñaste a ser fuerte ante el dolor,
a ocultar mis penas dentro de mí;
a no sentirme inferior a los demás,
a pesar de nuestra pobreza cruel;
ahora, que ya nada me puedes decir;
déjame, ahora por ti derramar mis lágrimas,
como demostración de mi amor por ti.
Autor: Pablo I. Felix Loza