Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Hay una tierra de misterios
con floresta en sus entrañas,
montañas en la niebla,
ríos como venas
y mares en sus cabelleras;
una tierra ''formosa''
como hermosas son sus mujeres,
ellas todas misteriosas
como las vírgenes sierras,
sangre viva y alegre
les recorre las venas,
indómitas y libres
cual al aire sus cabelleras.
¡Ay de ti mujer brasileña!
que hurtas los quereres
y no correspondes mis penas,
dolores que en tu presencia
se amenizan
y desvanecen como bruma mañanera,
pues esta tierra de encantos
con encantadoras doncellas
adormece mis sentidos
con piel blanca y morena,
con sonrisas
sinceras e incomprendidas,
de las cuales emanan voces
desnudas, naturales
con aires de ninfa
musicales como sirena,
y en sus rostros esculpidos
como profundas cuevas
sus miradas esconden
tesoros de dulzura,
en doradas cavernas,
porque aseguro
a quien les vea,
que le será imposible no perderse
en sus pupilas
brillantes y placenteras,
cuyos amores
laberínticos como la selva
envuelven, poseen,
capturan y liberan,
puesto que nadie es
más espontaneo que ellas,
volátiles
como llamas de hoguera;
Así hechizantes,
indómitas,
a la vez divinas
a la vez terrenas,
son las cautivantes
mujeres brasileñas.
con floresta en sus entrañas,
montañas en la niebla,
ríos como venas
y mares en sus cabelleras;
una tierra ''formosa''
como hermosas son sus mujeres,
ellas todas misteriosas
como las vírgenes sierras,
sangre viva y alegre
les recorre las venas,
indómitas y libres
cual al aire sus cabelleras.
¡Ay de ti mujer brasileña!
que hurtas los quereres
y no correspondes mis penas,
dolores que en tu presencia
se amenizan
y desvanecen como bruma mañanera,
pues esta tierra de encantos
con encantadoras doncellas
adormece mis sentidos
con piel blanca y morena,
con sonrisas
sinceras e incomprendidas,
de las cuales emanan voces
desnudas, naturales
con aires de ninfa
musicales como sirena,
y en sus rostros esculpidos
como profundas cuevas
sus miradas esconden
tesoros de dulzura,
en doradas cavernas,
porque aseguro
a quien les vea,
que le será imposible no perderse
en sus pupilas
brillantes y placenteras,
cuyos amores
laberínticos como la selva
envuelven, poseen,
capturan y liberan,
puesto que nadie es
más espontaneo que ellas,
volátiles
como llamas de hoguera;
Así hechizantes,
indómitas,
a la vez divinas
a la vez terrenas,
son las cautivantes
mujeres brasileñas.
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