Osvaldo Berríos
Poeta recién llegado
Déjenme arroparlos
con este pequeño rayo de sol
que aun guarda mi corazón.
Arrullarlos con el vaivén
de las hojas en sus ramas
y el viento con su canción.
Y con un beso de picaflor
cargar livianas gotas,
dulces lágrimas de flor
para humedecer
sus secos labios
de amor.
Déjenme cantarles
para ocultar mi dolor,
para engañar al corazón
que ha perdido la paz y la visión,
que ha extraviado el silencio
que la buena paz le otorgó,
para triste balbucear
su torpe condición.
Todas las ramitas fueron rotas,
las quebraron sin compasión.
No las puedo componer,
las rompieron con violencia
y delante de mis ojos cayeron
como vidrios en explosión.
Saltaron en pedazos
que hasta mi alma sangró.
Expreso mi dolor
a ti Señor de los niños,
para que renazcan
en todos los hombres y mujeres
de buena voluntad.
Permite que sea siempre uno de ellos.
con este pequeño rayo de sol
que aun guarda mi corazón.
Arrullarlos con el vaivén
de las hojas en sus ramas
y el viento con su canción.
Y con un beso de picaflor
cargar livianas gotas,
dulces lágrimas de flor
para humedecer
sus secos labios
de amor.
Déjenme cantarles
para ocultar mi dolor,
para engañar al corazón
que ha perdido la paz y la visión,
que ha extraviado el silencio
que la buena paz le otorgó,
para triste balbucear
su torpe condición.
Todas las ramitas fueron rotas,
las quebraron sin compasión.
No las puedo componer,
las rompieron con violencia
y delante de mis ojos cayeron
como vidrios en explosión.
Saltaron en pedazos
que hasta mi alma sangró.
Expreso mi dolor
a ti Señor de los niños,
para que renazcan
en todos los hombres y mujeres
de buena voluntad.
Permite que sea siempre uno de ellos.
Osvaldo Berríos