Waldo Anacruza
Poeta recién llegado
A menos, ¡más!
(poema sin rima, a mi madre)
Y al final del rutinar,
comemos el pan de la mesa
entre tormentos divertidos
y sonrisas de hastío.
Cuando el llamar de las aves
nos venga a clamar el oído
el final es lo que cuenta
y no le que puedas dar.
Somos espejos,
molestando a tus ojos verdes
porque al verte, me ves
al final somos lo que cuenta.
Cuando me trajiste,
¿cuánto me amabas?
y cuando te vayas,
¿cuánto lo haré?
Es tu respuesta, y la mía
el pilar que derrumbe las ansias
será nuestro final,
porque las almas no se explican
solo se tienen.
Entre los sollozos de las mañanas
y las odas de nuestras tardes,
el amor que nace y renace
en pergaminos de nuestra cuenta, estará.
En lluvias de pinceles que marcaron pocas veces tu rostro
yo me alejaba poco a poco en el tardío parpadear de mi historia
pero el cariño sigue siendo cariño
y el amor, cederá.
Al final, es lo único que cuenta.
(poema sin rima, a mi madre)
Y al final del rutinar,
comemos el pan de la mesa
entre tormentos divertidos
y sonrisas de hastío.
Cuando el llamar de las aves
nos venga a clamar el oído
el final es lo que cuenta
y no le que puedas dar.
Somos espejos,
molestando a tus ojos verdes
porque al verte, me ves
al final somos lo que cuenta.
Cuando me trajiste,
¿cuánto me amabas?
y cuando te vayas,
¿cuánto lo haré?
Es tu respuesta, y la mía
el pilar que derrumbe las ansias
será nuestro final,
porque las almas no se explican
solo se tienen.
Entre los sollozos de las mañanas
y las odas de nuestras tardes,
el amor que nace y renace
en pergaminos de nuestra cuenta, estará.
En lluvias de pinceles que marcaron pocas veces tu rostro
yo me alejaba poco a poco en el tardío parpadear de mi historia
pero el cariño sigue siendo cariño
y el amor, cederá.
Al final, es lo único que cuenta.