Rubén Barreiro
Poeta recién llegado
Acomoda tus pupilas sobre mí,
o tíramelas encima.
Ya que ni en mil vidas
conocedora podría considerarte
de lo dulcísima que se antoja sobre mis lomos
la presión de tu existencia.
Mírame fuerte, pero bríndame piedad,
como cuando trazo caricias nobles en tus mejillas
con estas manos de bruto semblante.
Ábreme los cajones,
dime si aun existe un niño que se hundió
entre barbas,músculos y deseos inconfesables.
Puedes tejer pensamientos aterciopelados
mientras ves al hombre y buscas al barbilampiño
-si me permites el capricho.
Antes de que dejes de apuntarme,
descuélgame este sepia,
este hastío del que cualquier vida se tiñe tras los calendarios,
como aquellas cortinas del bar de un barrio cualquiera,
maquillándose a gusto de todos.
o tíramelas encima.
Ya que ni en mil vidas
conocedora podría considerarte
de lo dulcísima que se antoja sobre mis lomos
la presión de tu existencia.
Mírame fuerte, pero bríndame piedad,
como cuando trazo caricias nobles en tus mejillas
con estas manos de bruto semblante.
Ábreme los cajones,
dime si aun existe un niño que se hundió
entre barbas,músculos y deseos inconfesables.
Puedes tejer pensamientos aterciopelados
mientras ves al hombre y buscas al barbilampiño
-si me permites el capricho.
Antes de que dejes de apuntarme,
descuélgame este sepia,
este hastío del que cualquier vida se tiñe tras los calendarios,
como aquellas cortinas del bar de un barrio cualquiera,
maquillándose a gusto de todos.