Madre tan especial
como la que Dios me diera,
no tiene comparación
en toda la tierra entera.
No existe mujer mas buena,
mas abnegada y mas santa,
que hasta la Corte del Cielo
como al mismo Dios le canta.
Pues ella tiene en su alma
la candidez de los santos
y una dulzura inefable
que me ha inspirado estos cantos.
Ella es la anciana risueña
que me espera en la distancia
y que aún solicita me cuida
como el ángel de mi infancia.
Me enseñó desde muy niño
cantos de amor a María
y el canto que, hoy, yo canto
es en tu honor Madre Mía.
En mi alma grabó su imagen
como Cristo en el Sudario,
con ternuras infinitas
y un amor extraordinario.
Por su infinita bondad,
por gratitud a su nombre,
brotan humildes los versos
del corazón de éste hombre.
como la que Dios me diera,
no tiene comparación
en toda la tierra entera.
No existe mujer mas buena,
mas abnegada y mas santa,
que hasta la Corte del Cielo
como al mismo Dios le canta.
Pues ella tiene en su alma
la candidez de los santos
y una dulzura inefable
que me ha inspirado estos cantos.
Ella es la anciana risueña
que me espera en la distancia
y que aún solicita me cuida
como el ángel de mi infancia.
Me enseñó desde muy niño
cantos de amor a María
y el canto que, hoy, yo canto
es en tu honor Madre Mía.
En mi alma grabó su imagen
como Cristo en el Sudario,
con ternuras infinitas
y un amor extraordinario.
Por su infinita bondad,
por gratitud a su nombre,
brotan humildes los versos
del corazón de éste hombre.