No logro asimilar la decadencia
terrible y pavorosa de mi Paco;
Él, que era mi titán, mi hombraco,
la máxima expresión de la potencia…
De aquel devorador de mi inocencia
no queda más que un mórbido bellaco
del cual, la sola cosa que destaco
su fiel disposición a la indecencia.
De alcoholes en cualquiera de sus grados,
Su aliento me recuerda a una mofeta.
Su pelo siempre sucio y sudado,
las uñas de los pies amarillentas;
pa colmo, en treinta años de casados,
las ganas de meter jamás contentas…