Cuantas veces quise estar a tu lado
y no pude, viví en nubes.
Resucité en tus brazos, de las cenizas
resurgí, pues allí estuve.
Hubo un tiempo que sin lágrimas
mi respirar tosía mugre,
del polvo al que fui arrojado tallé mi cuerpo,
tu amor es el que me cubre.
Alegrarme puedo pues sin más
y nada más que tú, que sigues
allí salvándome el pellejo con afán,
con ternura lo persigues,
el dolor que destruiste con tu haz,
bonita relación consigues,
de nacer al sol y la luna me atrape
sucumbe mi pensar, así me fustigues.
Nena, ni la muerte misma me aleja de ti,
rosa mía en la distancia.
Rojos tus pétalos llenos de furia melancólica
lloran la estancia
de mí lejana, que con saña nos daña,
pobre clemencia por nuestra añoranza.
Aun situación aquí expuesta de mi elegancia
debo dar mención de sutil danza,
incluso el difunto príncipe cascanueces
se retuerce de vida,
por no soportar historia tan amarga
con final suicida.
Quizá... no lo sé, seamos
tan afortunados por la salida
que elegir la puerta correcta a la luz
manjares exquisitos nos brinda.
Que mis palabras describan tu belleza
y al final nos sea de agrado
escoger abrazo compartido y no partido ir descalzo,
sin las suelas en las riendas, yendo calado
y frío. Elegirte por siempre soñar
con tu pesar en mí, ser atormentado.
Hasta esculpo en todas las páginas
el tener tus labios en los del amor mentado.
Pensé: "te amo, te quiero hasta los huesos,
hasta que mi alma se torne inmortal,
y aún así seguiré sirviéndote, presta ave
que visitas mi palpito en cada portal,
ausencia de tu persona en los lugares celestiales
o en infernales que resida yo, sucio mortal.
Ahora te enaltezco con mi voz derruida
en los parajes poblados de plebe abismal,
ya que publiqué tu sentir en media ciudad,
por dar gracias a tu latir, por mí.
Por ser quien eres, por tu inocencia, por tu amar,
por un deseoso ser mía, asir..."
Y por el imaginarte conmigo de nuevo
sigo lamentándome por mi afligir,
por no recogerte en inmenso abrazo,
sólo verte en sueños, pena en mi latir.
No pensé con error en mente,
más bien con pasión,
sin ver consecuencias de un crecer,
sin paro de un tesón,
que constante se torna y,
más veloz que un halcón,
agarra fuerte en mi pecho y me desvela:
"Te amo con plena sumisión".
y no pude, viví en nubes.
Resucité en tus brazos, de las cenizas
resurgí, pues allí estuve.
Hubo un tiempo que sin lágrimas
mi respirar tosía mugre,
del polvo al que fui arrojado tallé mi cuerpo,
tu amor es el que me cubre.
Alegrarme puedo pues sin más
y nada más que tú, que sigues
allí salvándome el pellejo con afán,
con ternura lo persigues,
el dolor que destruiste con tu haz,
bonita relación consigues,
de nacer al sol y la luna me atrape
sucumbe mi pensar, así me fustigues.
Nena, ni la muerte misma me aleja de ti,
rosa mía en la distancia.
Rojos tus pétalos llenos de furia melancólica
lloran la estancia
de mí lejana, que con saña nos daña,
pobre clemencia por nuestra añoranza.
Aun situación aquí expuesta de mi elegancia
debo dar mención de sutil danza,
incluso el difunto príncipe cascanueces
se retuerce de vida,
por no soportar historia tan amarga
con final suicida.
Quizá... no lo sé, seamos
tan afortunados por la salida
que elegir la puerta correcta a la luz
manjares exquisitos nos brinda.
Que mis palabras describan tu belleza
y al final nos sea de agrado
escoger abrazo compartido y no partido ir descalzo,
sin las suelas en las riendas, yendo calado
y frío. Elegirte por siempre soñar
con tu pesar en mí, ser atormentado.
Hasta esculpo en todas las páginas
el tener tus labios en los del amor mentado.
Pensé: "te amo, te quiero hasta los huesos,
hasta que mi alma se torne inmortal,
y aún así seguiré sirviéndote, presta ave
que visitas mi palpito en cada portal,
ausencia de tu persona en los lugares celestiales
o en infernales que resida yo, sucio mortal.
Ahora te enaltezco con mi voz derruida
en los parajes poblados de plebe abismal,
ya que publiqué tu sentir en media ciudad,
por dar gracias a tu latir, por mí.
Por ser quien eres, por tu inocencia, por tu amar,
por un deseoso ser mía, asir..."
Y por el imaginarte conmigo de nuevo
sigo lamentándome por mi afligir,
por no recogerte en inmenso abrazo,
sólo verte en sueños, pena en mi latir.
No pensé con error en mente,
más bien con pasión,
sin ver consecuencias de un crecer,
sin paro de un tesón,
que constante se torna y,
más veloz que un halcón,
agarra fuerte en mi pecho y me desvela:
"Te amo con plena sumisión".