Escucho en el silencio ignoto
y gris de la tarde fría,
su voz de cascabel de oro
que dulcemente me llama;
y hace que sienta leve
sobre la frente mía,
el dulce y cálido beso
de la madre que me ama.
Me dio a conocer colores,
aromas y ruiseñores;
y al Santo Amor que sutil
perenne en el cielo anida;
cuando segura de sí
y aun en medio de dolores,
para pisar este suelo
su seno me dio la vida.
Sabe el color de mi risa,
enjuga mi llanto si lloro;
y no contenta con esto
tenaz a mi lado lucha.
Su sola mirada me ofrece
el sabio consejo que imploro,
y podría jurar incluso
que mi voz a lo lejos escucha.
Desde este balcon en que veo
seguir el mundo girando,
cien mil caminos distancian
tus manos de entre las mías;
por esto te digo madre
como se hacerlo: cantando,
que el cielo bese tu frente
para que siempre te rías.
Que nuestro Dios soberano
te lleve siempre guardada,
permitiéndome que un día
pueda besar yo tu planta;
mientras sentado a tu lado
escribo madre adorada,
y cuidarte mientras se cubre
de canas tu frente santa.
No llevo oro en mi alforja,
las letras son mis riquezas;
bien sabes tuyas serían
completas si las tuviera;
tan sólo soy un poeta
que vive de sus ternezas,
te ofrendo lo que poseo
a ti madre, mi vida entera !