Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
A tí Mamita Lola, a tí Papito Rafael, a tí Papito José, a ti Mamita Chichú, Abuelos inolvidables; a ti María Dolores, “Mariela”, y Jesús Antonio, Padres poderosos, todos ustedes, seres luchadores que habitan en mí, en todos aquellos que llevamos sus genes para hacer brotar la vida en esta tierra y luego compartir sus frutos a propios y extraños, con todo el caudal de amor que solo Ustedes, con su ejemplar vida pudieron enseñar y multiplicar.
Como el capullo de una flor,
La Mamita Lola
vivió, amando y cuidando
sus nietos, sus hijos,
cuidando al Papito Rafael,
fue el regalo con el que
la vida la bendijo.
Alegre, sonriente,
bondadosa a más no poder,
como las olas del mar,
con una belleza espiritual
que brota de acá para ya
en su descendencia, como el más
hermoso y atesorado manantial.
La Mamita Lola, el Papito Rafael
y aquellos que mencionaba
Doña Mariela:
Amén, Papá Luis,
Papá Juan, Mamá Isa
Pifanio, Josefa y Lela,
Tulia, Eloisa, Alfonso,
y cómo olvidar a Amelia,
Ramón, Martha y Adela,
con nombres de reyes y reinas y
hasta sacados de clásicas novelas,
con un corazón que su recuerdo desvela.
Cosecha eterna
de seres maravillosos
que vivieron las guerras mundiales
y hasta la guerra de los Mil Días,
que habitan en su descendencia
en la noche de luna iluminada,
o en las alboradas con arma a rosas
azahares, naranjos y guayabos,
donde las asustadizas mariposas
y los coloridos pájaros
al salir el sol se alimentan y reposan.
Son el ejemplo puro de los valores
de una raza paisa, amante del campo
al que con amor le han sabido sacar
sus cosechas abonadas con ternura
y con el tesón que en su
linaje multiplicó el creador,
disfrutando una taza de café en las mañanas,
calentando el cuerpo para contemplar
en las verdes mañanas, en sus montañas,
el secreto del campo en todo su esplendor.
Tierra sangrada, la escuela de Arriba
y la de Abajo, la escuela del Atravesado,
que forjaron una generación,
que hicieron de la Loma del Chocho un Edén,
en el mismo Envigado, en esta Antioquia,
en esta Colombia, que hoy con paz total petrista,
empieza desde sus entrañas a renacer.