Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
Sigo caminando en penumbra coqueteando
con la muerte el silencio de este alocado amor
al no poder hundir mis plegarias en tu pecho.
Unas huellas marcan el surco de tus labios
en los míos, menuda mujer mañanera de extraña
mirada tentadora invitando al pecado de no ser
amada
Déjame con mi silencio de amargura, rózame
con tus mejillas mi aliento, embrujando con la
mirada la existencia de este amor moribundo.
No envano prefiero el veneno de tus labios
Juguetones, la daga de tu voz al decir adiós
que la existencia de amarte y no tenerte.
Para que quiero vida, si la vida eres tú
eres la riqueza que anhelo y la pobreza
deseada, eres luz y eres sal mujer, de una
tarde otoñal.
con la muerte el silencio de este alocado amor
al no poder hundir mis plegarias en tu pecho.
Unas huellas marcan el surco de tus labios
en los míos, menuda mujer mañanera de extraña
mirada tentadora invitando al pecado de no ser
amada
Déjame con mi silencio de amargura, rózame
con tus mejillas mi aliento, embrujando con la
mirada la existencia de este amor moribundo.
No envano prefiero el veneno de tus labios
Juguetones, la daga de tu voz al decir adiós
que la existencia de amarte y no tenerte.
Para que quiero vida, si la vida eres tú
eres la riqueza que anhelo y la pobreza
deseada, eres luz y eres sal mujer, de una
tarde otoñal.