A ti, que caminaste un día conmigo
Qué pasó?. De repente, todo se esfumó.
No hubo llanto, no hubo excusa.
Sólo un silencio sepulcral,
ese silencio tuyo que mata.
Me senté un momento en mis pensamientos
y retrocedí hasta aquella tarde
preñada de sol en que te ví
y que fue suficiente para no olvidarte más.
Entonces, el encantamiento comenzó:
tu voz, tu mirada inocente,
esa ignorancia que tenías de casi todo,
te hacia tan especial, tan interesante.
Oh, y tu entrega, total….. sin ambigüedades.
Te me diste toda, abosolutamente toda
y luego, esa tarde que moría
nos arrastró hasta el lecho.
Maravillosamente, conocí tu sexo…
inmaduro, cálido, inexperto
Y te amé. Y me me amaste.
Nos amamos aquella tarde que moría
camino hacia la noche
Eras por momentos
la respuesta a todas mis preguntas.
Eras tan explícita y tan directa.
No había dudas de tu amor,
Me amabas sencillamente,
abruptamente, enteramente.
Estabas llena de motivos
si yo estaba contigo
Eras como mil molinos de viento
sincronizando su fuerza,
esperando campear las tormentas
que brotaban del decir de la gente
que no entendían que nos amabamos
indistintamente, inconscientemente.
Pero una tarde, de repente,
los molinos de vientos pararon
y la tormenta entró en nuestra apacible vida
Y de un sólo golpe tus palabras me hirieron,
me dañaron
. Al principio no entendí
,tu prético silencio,
el frío de tu indiferencia
el filo agudo de tu palabras.
Quise ignorar tu desprecio
y vivir del encantamiento
de tu amor pasado.
Pero la verdad se me acumuló en el tiempo
y como hierro candente traspasaste mi alma,
destruíste mis sueños
interspectivamente, definitivamente.
Hoy, te miro de lejos y no te conozco.
Aquella que camino conmigo
por esas calles de olvido
por esos bares de bohemio, es otra.
Es una mueca de la mujer que amé.
Es la triste sensación de un beso
que ayer se dió y hoy se perdió
entre la bruma y la confusión de una noche.
Se fue mi sueño para siempre.
Aquella que un día güindó el sol en mi ventana
me legó hoy la noche púrpura
llena de desencanto y me dijo adiós
….. silenciosamente, dolorosamente.
Qué pasó?. De repente, todo se esfumó.
No hubo llanto, no hubo excusa.
Sólo un silencio sepulcral,
ese silencio tuyo que mata.
Me senté un momento en mis pensamientos
y retrocedí hasta aquella tarde
preñada de sol en que te ví
y que fue suficiente para no olvidarte más.
Entonces, el encantamiento comenzó:
tu voz, tu mirada inocente,
esa ignorancia que tenías de casi todo,
te hacia tan especial, tan interesante.
Oh, y tu entrega, total….. sin ambigüedades.
Te me diste toda, abosolutamente toda
y luego, esa tarde que moría
nos arrastró hasta el lecho.
Maravillosamente, conocí tu sexo…
inmaduro, cálido, inexperto
Y te amé. Y me me amaste.
Nos amamos aquella tarde que moría
camino hacia la noche
Eras por momentos
la respuesta a todas mis preguntas.
Eras tan explícita y tan directa.
No había dudas de tu amor,
Me amabas sencillamente,
abruptamente, enteramente.
Estabas llena de motivos
si yo estaba contigo
Eras como mil molinos de viento
sincronizando su fuerza,
esperando campear las tormentas
que brotaban del decir de la gente
que no entendían que nos amabamos
indistintamente, inconscientemente.
Pero una tarde, de repente,
los molinos de vientos pararon
y la tormenta entró en nuestra apacible vida
Y de un sólo golpe tus palabras me hirieron,
me dañaron
. Al principio no entendí
,tu prético silencio,
el frío de tu indiferencia
el filo agudo de tu palabras.
Quise ignorar tu desprecio
y vivir del encantamiento
de tu amor pasado.
Pero la verdad se me acumuló en el tiempo
y como hierro candente traspasaste mi alma,
destruíste mis sueños
interspectivamente, definitivamente.
Hoy, te miro de lejos y no te conozco.
Aquella que camino conmigo
por esas calles de olvido
por esos bares de bohemio, es otra.
Es una mueca de la mujer que amé.
Es la triste sensación de un beso
que ayer se dió y hoy se perdió
entre la bruma y la confusión de una noche.
Se fue mi sueño para siempre.
Aquella que un día güindó el sol en mi ventana
me legó hoy la noche púrpura
llena de desencanto y me dijo adiós
….. silenciosamente, dolorosamente.