A tu recuerdo.
Suenan las doce: medianoche
esta orfandad es oscuridad.
y al mediodía, al dar las doce,
sigue fluyendo su vacuidad.
De día o de noche la vaciedad,
vaga en el valle cual algo fuera,
y se funde al río que va tranquilo
que por el monte corre como hilo.
Por las colinas, cantan y escurren,
sus verdes aguas discurren lentas,
aún no se han ido, las otras llegan,
las sustituyen y el río se queda.
Aunque cambiante, el río es perenne
cual mis recuerdos va transcurriendo
y por su cauce va siempre huyendo,
más se renueva y se queda indemne.
Y donde el río cascadas forma,
y pinta al cielo en color cristal,
con su torrente mi alma conforma,
porque se une al agua con sal.
Esas lágrimas son lo sagrado,
son sal bendita de un corazón,
es el pasado que fui a su lado,
el regazo materno sin aflicción.
Fluyen de noche, fluyen de día
se unen al río, lo vuelven mar,
son un retoño de esta agonía,
Madre querida, y son tu altar.
Suenan las doce: medianoche
esta orfandad es oscuridad.
y al mediodía, al dar las doce,
sigue fluyendo su vacuidad.
De día o de noche la vaciedad,
vaga en el valle cual algo fuera,
y se funde al río que va tranquilo
que por el monte corre como hilo.
Por las colinas, cantan y escurren,
sus verdes aguas discurren lentas,
aún no se han ido, las otras llegan,
las sustituyen y el río se queda.
Aunque cambiante, el río es perenne
cual mis recuerdos va transcurriendo
y por su cauce va siempre huyendo,
más se renueva y se queda indemne.
Y donde el río cascadas forma,
y pinta al cielo en color cristal,
con su torrente mi alma conforma,
porque se une al agua con sal.
Esas lágrimas son lo sagrado,
son sal bendita de un corazón,
es el pasado que fui a su lado,
el regazo materno sin aflicción.
Fluyen de noche, fluyen de día
se unen al río, lo vuelven mar,
son un retoño de esta agonía,
Madre querida, y son tu altar.
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