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Poeta recién llegado
Muerta tú
y el deseo de poseerte
yacidos ambos en la tierra
enlodados de sangre, se despiden.
No pudo la masa
ni la muerte
arrancar la belleza que ostentas
porque la inspiración no tiene edad
ni escrúpulos
ni ataques de falsa moral,
porque la inspiración eres tú
y tu belleza moza,
porque ella no es del tiempo
ni el silencio lo es de lo correcto,
porque amar tu beldad
no es ultrajar a la niña que hay en ti.
¿Donde quedaron tus inusitados gestos?
hoy solo veo pálidos ojos ciegos
abatidos y extintos
como extinto está mi deseo por ti.
Y ahora
tu inmaculado pubis y
entrañables pechos
que albergaron algún día
mi más morbosa complacencia
acogen a los gusanos, larvas y siniestros bichos
que hacen de tu cuerpo devastado de tiempo
su más apetitoso botín.
Y las inmundas larvas
se agitan torpes
en sus vanos rituales
y hacen aún más platónico
mis ansias de disfrutarte,
de quebrantar la ley y las buenas costumbres
y quebrantar tu sinuosa adolescencia
que ahora es solo carne maloliente.
Mejor me voy
porque siento inútiles mis besos
y se me precipitan en la garganta
un adiós blasfemo
una mentada de madre
un auxilio susurrado,
mejor me voy
porque a veces es mejor
olvidar que sin ti
queda menos poesía en el mundo.
Así ha de ser,
la muerte es sabia
y la voz del pueblo es la voz de dios,
por eso me siento tan absurdo
y tú tan muerta.
Y el viento zarandea tu cabello
y deja al descubierto tu busto
y la noche oscurece
tus otrora frescas mejillas
y todo esto no sirve ya de nada
todo lo que fuiste
es ahora de la naturaleza
esta que no abraza,
te reclama
y me erradica furiosa,
así ha de ser.
Mi deseo por ti esta extinto
pero que esplendida luces
esta noche,
el olor es insoportable
pero aún inerte
extrañaré verte
bella musa de dieciséis años.
(H. R. C.)
(H. R. C.)
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