Malex
Poeta recién llegado
Los hijos insomnes de mi firmamento
despedazan cual voraz fiera, incolora,
la maravillosa fuga de sucios devaneos,
compás, compás que no figura sobre
la torre ópalo de las noches inacabables.
Cuando las mozas insolentes, rompen
el conocido silencio del burdel con sus tacones
y, animadas refulgentes por los burdos versos
a la sazón del olor a tabaco y whiskey,
trepan la escalinatas del sexo húmedo
y sin afán, ¿Cuál de todas amada mía,
osa desollar mi llanto sobre una almohada?
¿Quién querida, quién me besara cuando
pernoctando ígneo la llame en mis sueños?
Quizás de ellos mismos, brote como llama,
quemando así los mórbidos deseos que
me agobian de poseerla para besarle
insolentemente la entrepierna.
Desnuda esta ya, mas ¡Espera! que aún
no he desnudado mis pensares, aún
los atavíos coloridos a su vez, insípidos,
hegemonizan la estúpida facha de mi razón.
Siendo que ciertamente pienso en ti
cariño, como la mujer que odio por
ser tan torpe para amarme, cual
leopardo cojo tras el impala, por eso
mejor deberías morir y jamás renacer;
ni siquiera en el cerdo que tal vez
algún día no muy próximo me convierta.
O quizás, soy yo la estela fulgurante
que profana con tinta la Nebulosa, ¡oh!
pobre Andrómeda debes avergonzarte
por permitir tanto desvarío llano,
tanto sollozo inútil por la divina figura.
Mas se que, la estupidez de su pensamiento
se la han dado los años, por eso,
beso la piel tersa de una prostituta
que honestamente, me complace afín.
Pero, ¿Qué es entonces el éxtasis sin
una flecha de Cupido clavada en la diástole?
Es beber agua en un arroyuelo seco,
¿De qué otra manera es posible mi cielo,
saciar mis brazos de tanta ausencia?
El mismo Jesús dudó,
¿No habría de hacerlo yo, mortal?
¿No habría de clamar más banal,
sus vertebras sin ropas recargadas en mi vista?
Heme aquí, iracundo y aletargado,
dibujándote tras el cortinaje,
revistiendo tu lozanía y seno
tras el mismo cortinaje; vaya agonía.
En mis agrietados labios
el sabor a vodka de anoche,
en mi piel el sabor a ti
de hace muchas primaveras
para ser exacto, que quizás
se transformaron en inviernos
cuando quise inventarte
en sus madrugadas.
En ese polvo te respiro,
en esas ganas te rasguño
hasta escupir sangre.
Y ahora nada es preciso,
nada puede ser llevado al cielo
con un catasterismo impropio
e innecesario, ahora ella
deja de ser o peor aún,
deja de existir; ahora
aquella bien amada ramera que
olvido sentirse querida
pasa de ser para mi
completamente necesaria.
despedazan cual voraz fiera, incolora,
la maravillosa fuga de sucios devaneos,
compás, compás que no figura sobre
la torre ópalo de las noches inacabables.
Cuando las mozas insolentes, rompen
el conocido silencio del burdel con sus tacones
y, animadas refulgentes por los burdos versos
a la sazón del olor a tabaco y whiskey,
trepan la escalinatas del sexo húmedo
y sin afán, ¿Cuál de todas amada mía,
osa desollar mi llanto sobre una almohada?
¿Quién querida, quién me besara cuando
pernoctando ígneo la llame en mis sueños?
Quizás de ellos mismos, brote como llama,
quemando así los mórbidos deseos que
me agobian de poseerla para besarle
insolentemente la entrepierna.
Desnuda esta ya, mas ¡Espera! que aún
no he desnudado mis pensares, aún
los atavíos coloridos a su vez, insípidos,
hegemonizan la estúpida facha de mi razón.
Siendo que ciertamente pienso en ti
cariño, como la mujer que odio por
ser tan torpe para amarme, cual
leopardo cojo tras el impala, por eso
mejor deberías morir y jamás renacer;
ni siquiera en el cerdo que tal vez
algún día no muy próximo me convierta.
O quizás, soy yo la estela fulgurante
que profana con tinta la Nebulosa, ¡oh!
pobre Andrómeda debes avergonzarte
por permitir tanto desvarío llano,
tanto sollozo inútil por la divina figura.
Mas se que, la estupidez de su pensamiento
se la han dado los años, por eso,
beso la piel tersa de una prostituta
que honestamente, me complace afín.
Pero, ¿Qué es entonces el éxtasis sin
una flecha de Cupido clavada en la diástole?
Es beber agua en un arroyuelo seco,
¿De qué otra manera es posible mi cielo,
saciar mis brazos de tanta ausencia?
El mismo Jesús dudó,
¿No habría de hacerlo yo, mortal?
¿No habría de clamar más banal,
sus vertebras sin ropas recargadas en mi vista?
Heme aquí, iracundo y aletargado,
dibujándote tras el cortinaje,
revistiendo tu lozanía y seno
tras el mismo cortinaje; vaya agonía.
En mis agrietados labios
el sabor a vodka de anoche,
en mi piel el sabor a ti
de hace muchas primaveras
para ser exacto, que quizás
se transformaron en inviernos
cuando quise inventarte
en sus madrugadas.
En ese polvo te respiro,
en esas ganas te rasguño
hasta escupir sangre.
Y ahora nada es preciso,
nada puede ser llevado al cielo
con un catasterismo impropio
e innecesario, ahora ella
deja de ser o peor aún,
deja de existir; ahora
aquella bien amada ramera que
olvido sentirse querida
pasa de ser para mi
completamente necesaria.