A una Diana

Último Poeta Maldito

Poeta asiduo al portal

Por más que busco no consigo respuesta alguna,​
¿Por qué tu boca brilla como luna?​
Y después del beso, ¿Por qué brilla como estrella?​
¿Es tu sonrisa fulgor de centella?...


Tus ojos se me asemejan a cristalina miel​
y brillan, melosos, un rutilar,​
que mezclándose a tu nívea y venusta tez,​
es natura, es bello cielo, lis, mar.


La inocencia que te viste os consagra pura​
y tu timidez, avecilla tierna.​
Tu alma ha de ser una rosa que fulgura,​
como luz espectral de luna llena,​
un resplandor sagrado de argentina blancura.


Se de tu albura, con sones de liras;​
quiero ir donde tus purezas delicadas ronden,​
mas mi mente prorrumpe: “¡Tu deliras!”.​
¡Oh, bella rosa! Tus espinas ¿Dónde se esconden?


Tu arco brilla el brillo del áureo oro.​
Y esa flecha tiene en punta un filo embelesante.​
¡Oh, Diana, el boscaje entona aquel coro,​
con el que cupido lanza la flecha al amante!


El viento tremola frescos follajes,​
sacudiendo su belleza muelle y mañanera.​
A ti ofrecen el rocío en encajes,​
para que les trames con rosas de primavera.

Tu tierna mirada acaricia leve,​
sin desdén, sin mofa, sin trola, con la ternura​
de un candor espléndido, sin aleve​
luz, que convierta soberbia vuestra hermosura.


Con la aurora que trae el horizonte,​
tu epidermis préndese en color de un sacro nardo
y en halago tenue, a ti, se abre el monte.​
Mi lira suena enamorada un sonar delirio,​
para ti beldad, que quitáis el cardo​
punzante, de mi corazón, y plantáis el lirio.


Tu cuello, por do vaga con encanto​
el ámbar azul, es seda del amanecer.​
¡Oh, Diana, a ti se debe el son y canto,​
que emana, en la fiel cuna de tus manos, mi ser!
 
Última edición:

Por más que busco no consigo respuesta alguna,​
¿Por qué tu boca brilla como luna?​
Y después del beso, ¿Por qué brilla como estrella?​
¿Es tu sonrisa fulgor de centella?...


Tus ojos se me asemejan a cristalina miel​
y brillan, melosos, un rutilar,​
que mezclándose a tu nívea y venusta tez,​
es natura, es bello cielo, lis, mar.


La inocencia que te viste os consagra pura​
y tu timidez, avecilla tierna.​
Tu alma ha de ser una rosa que fulgura,​
como luz espectral de luna llena,​
un resplandor sagrado de argentina blancura.


Se de tu albura, con sones de liras;​
quiero ir donde tus purezas delicadas ronden,​
mas mi mente prorrumpe: “¡Tu deliras!”.​
¡Oh, bella rosa! Tus espinas ¿Dónde se esconden?


Tu arco brilla el brillo del áureo oro.​
Y esa flecha tiene en punta un filo embelesante.​
¡Oh, Diana, el boscaje entona aquel coro,​
con el que cupido lanza la flecha al amante!


El viento tremola frescos follajes,​
sacudiendo su belleza muelle y mañanera.​
A ti ofrecen el rocío en encajes,​
para que les trames con rosas de primavera.

Tu tierna mirada acaricia leve,​
sin desdén, sin mofa, sin trola, con la ternura​
de un candor espléndido, sin aleve​
luz, que convierta soberbia vuestra hermosura.


Con la aurora que trae el horizonte,​
tu epidermis préndese en color de un sacro nardo
y en halago tenue, a ti, se abre el monte.​
Mi lira suena enamorada un sonar delirio,​
para ti beldad, que quitáis el cardo​
punzante, de mi corazón, y plantáis el lirio.


Tu cuello, por do vaga con encanto​
el ámbar azul, es seda del amanecer.​
¡Oh, Diana, a ti se debe el son y canto,​
que emana, en la fiel cuna de tus manos, mi ser!
Bonitas letras románticas Lirio Azul, un placer haberlas leído, Gracias por compartirlas.
Saludos cordiales.
 

Por más que busco no consigo respuesta alguna,​

¿Por qué tu boca brilla como luna?​

Y después del beso, ¿Por qué brilla como estrella?​

¿Es tu sonrisa fulgor de centella?...



Tus ojos se me asemejan a cristalina miel​

y brillan, melosos, un rutilar,​

que mezclándose a tu nívea y venusta tez,​

es natura, es bello cielo, lis, mar.



La inocencia que te viste os consagra pura​

y tu timidez, avecilla tierna.​

Tu alma ha de ser una rosa que fulgura,​

como luz espectral de luna llena,​

un resplandor sagrado de argentina blancura.



Se de tu albura, con sones de liras;​

quiero ir donde tus purezas delicadas ronden,​

mas mi mente prorrumpe: “¡Tu deliras!”.​

¡Oh, bella rosa! Tus espinas ¿Dónde se esconden?



Tu arco brilla el brillo del áureo oro.​

Y esa flecha tiene en punta un filo embelesante.​

¡Oh, Diana, el boscaje entona aquel coro,​

con el que cupido lanza la flecha al amante!



El viento tremola frescos follajes,​

sacudiendo su belleza muelle y mañanera.​

A ti ofrecen el rocío en encajes,​

para que les trames con rosas de primavera.


Tu tierna mirada acaricia leve,​

sin desdén, sin mofa, sin trola, con la ternura​

de un candor espléndido, sin aleve​

luz, que convierta soberbia vuestra hermosura.



Con la aurora que trae el horizonte,​

tu epidermis préndese en color de un sacro nardo

y en halago tenue, a ti, se abre el monte.​

Mi lira suena enamorada un sonar delirio,​

para ti beldad, que quitáis el cardo​

punzante, de mi corazón, y plantáis el lirio.



Tu cuello, por do vaga con encanto​

el ámbar azul, es seda del amanecer.​

¡Oh, Diana, a ti se debe el son y canto,​

que emana, en la fiel cuna de tus manos, mi ser!
Mezclarse en ese amor para hacerla quilla de un cielo
de sensaciones que son manantial supremo de
entrega y declaracion. excelente. saludos amables
de luzyabsenta
 

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