Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
​
A vuestro cuerpo desnudo y hermoso,
que mordieran mis cinceles
y diestras pulieran mis fuentes manos,
se debe el canto sollozo,
que con aquellos pinceles
te pintara los rosados
labios, con aquel ardid primoroso.
¡Oh venus, yo, que con el caolín
te hice lustres pupilas!,
esas joyas que resguarda el jazmín;
que como sedosas hilas
hice tu ondeante y sutil cabello;
y junto al vernal portento,
te posé, pensabunda, alzando el cuello
y tañendo un arpa de oro.
Ahora, mustio, tu recuerdo tento.
Tu película de cuarzo
érale tenue alba a mi tosca mano
y lis a mis dedos callosos,
al acariciar tus hombros carnosos.
Y tu ido mirar ufano
Semejaba a mirar de filósofos
Con gran ideal humano.
Sentado, junto a ti, me imaginaba
tu soberbio aire, el matiz
pomposo de tu arpa, el compás sonoro
de sus cuerdas, de tu coro:
¡Oh música vibrante y harmonial!
Bella venus, ida lis,
a tu agur sólo queda el pedestal
Esas ninfas seductoras,
Seductoras me miran, con su ver;
en donde labro el pedrusco,
donde lánguido golpeo el cincel:
doy faz a un sátiro brusco,
mientras pienso en ti, perdido laurel.
No quiero ninfa ninguna,
sólo momentos vernales de amor,
amor que brota vuestro cáliz,
aquel ensueño que bulle mi crúor,
que envuelve a mi alma feliz.
Diz que eres quimera, ave del tapiz.
Griegas campanillas suenan
y a la duda me condenan:
¿Eres tú, bella venus, ida lis?...
No es sólo un tin monótono,
que en soledad se torna musical.
Es triste mi mustio encono,
pues tu agur sólo dejo el pedestal.
A vuestro cuerpo desnudo y hermoso,
que mordieran mis cinceles
y diestras pulieran mis fuentes manos,
se debe el canto sollozo,
que con aquellos pinceles
te pintara los rosados
labios, con aquel ardid primoroso.
¡Oh venus, yo, que con el caolín
te hice lustres pupilas!,
esas joyas que resguarda el jazmín;
que como sedosas hilas
hice tu ondeante y sutil cabello;
y junto al vernal portento,
te posé, pensabunda, alzando el cuello
y tañendo un arpa de oro.
Ahora, mustio, tu recuerdo tento.
Tu película de cuarzo
érale tenue alba a mi tosca mano
y lis a mis dedos callosos,
al acariciar tus hombros carnosos.
Y tu ido mirar ufano
Semejaba a mirar de filósofos
Con gran ideal humano.
Sentado, junto a ti, me imaginaba
tu soberbio aire, el matiz
pomposo de tu arpa, el compás sonoro
de sus cuerdas, de tu coro:
¡Oh música vibrante y harmonial!
Bella venus, ida lis,
a tu agur sólo queda el pedestal
Esas ninfas seductoras,
Seductoras me miran, con su ver;
en donde labro el pedrusco,
donde lánguido golpeo el cincel:
doy faz a un sátiro brusco,
mientras pienso en ti, perdido laurel.
No quiero ninfa ninguna,
sólo momentos vernales de amor,
amor que brota vuestro cáliz,
aquel ensueño que bulle mi crúor,
que envuelve a mi alma feliz.
Diz que eres quimera, ave del tapiz.
Griegas campanillas suenan
y a la duda me condenan:
¿Eres tú, bella venus, ida lis?...
No es sólo un tin monótono,
que en soledad se torna musical.
Es triste mi mustio encono,
pues tu agur sólo dejo el pedestal.
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