A veces,
cuando el cielo despejado marca su nombre,
empiezo a rebuscar las nubes en busca de su rostro,
me revuelco desesperado en busca de una calma,
que sólo yace oculta bajo un abismo;
a veces, trato destapar los recuerdos
que me empujan al rincón oscuro de la nostalgia,
voy amontonando las ilusiones que van consagrando mi delirio,
apilados sobre la estatua de mi mente,
y yo, absorbido por la nada,
voy observando el transcurso del hilo de mi vida,
lenta y temblorosa, suave e indecisa,
como brisa de primavera,
que observo desde la ventana donde me llama su memoria, insoluble como el tiempo.
A veces, cuando todo es silencio,
cuando el absoluto se hace nada, y la nada se hace absoluta,
voy sintiendo los pasos de aquel verdugo silencioso y moribundo,
que aparece en las noches de soslayo,
su recuerdo.
La muerte se hace lejana en este olvido,
como la lejanía de mi alma, en esta noche desterrada de ti;
su moribundo aliento va naciendo de mi pecho, de mis sentidos,
y va recayendo sobre mí;
van cayendo los fragmentos del mundo,
a cada una de mis lágrimas;
se va extinguiendo, los colores, el horizonte, la nostalgia,
como llama herida,
sobre su rostro.
cuando el cielo despejado marca su nombre,
empiezo a rebuscar las nubes en busca de su rostro,
me revuelco desesperado en busca de una calma,
que sólo yace oculta bajo un abismo;
a veces, trato destapar los recuerdos
que me empujan al rincón oscuro de la nostalgia,
voy amontonando las ilusiones que van consagrando mi delirio,
apilados sobre la estatua de mi mente,
y yo, absorbido por la nada,
voy observando el transcurso del hilo de mi vida,
lenta y temblorosa, suave e indecisa,
como brisa de primavera,
que observo desde la ventana donde me llama su memoria, insoluble como el tiempo.
A veces, cuando todo es silencio,
cuando el absoluto se hace nada, y la nada se hace absoluta,
voy sintiendo los pasos de aquel verdugo silencioso y moribundo,
que aparece en las noches de soslayo,
su recuerdo.
La muerte se hace lejana en este olvido,
como la lejanía de mi alma, en esta noche desterrada de ti;
su moribundo aliento va naciendo de mi pecho, de mis sentidos,
y va recayendo sobre mí;
van cayendo los fragmentos del mundo,
a cada una de mis lágrimas;
se va extinguiendo, los colores, el horizonte, la nostalgia,
como llama herida,
sobre su rostro.