El poder de la mente.
La capacidad de pensar
con libertad o ser esclavo
de tu propia miseria
o de tu loca vanidad.
Pero ante ti...
no soy poderoso
no domino mi instinto
flaqueo y me rindo
me tiemblan las piernas
y las entrañas se revuelven.
Pierdo la cordura
el sano juicio me abandona
en el mar de la desolación
o en el desierto
de la desesperanza.
Abdico ante ti.
Firmo los tratados
que sean requeridos
por la insanidad de verte
y me desquicio solito.
Claudico sin luchar antes
porque de nada sirve
porque de nada vale
porque aún te quiero.
Te doy tregua, falseo
pinto de blanco
mi bandera de paz
Y la guerra me asusta.
Caigo ante tus armas
que no son más
que un par de ojos
y una boca húmeda.
Tu infantería es tu cabello
y mi caballería
Huye despavorida
ante la pólvora de tu piel.
Me quedo solo, solito,
en la más puta soledad
pidiendo a gritos
un alto al fuego
unilateral, cobarde.
Me desarmo
me caigo a pedacitos
me sostiene solo
el aliento de tus cañones
y mis pies de estatua.
No soy el héroe
de mil batallas
pierdo siempre
en esta guerra.
Abatido dejo el campo
entre los cadáveres del recuerdo
y mi cuerpo se pudre
entre la sangre
de tus sables desnudos
que sin levantarse
ya me han matado
un millón de veces.
Pero esta vez
...el perdedor es quien
escribe la historia.
La capacidad de pensar
con libertad o ser esclavo
de tu propia miseria
o de tu loca vanidad.
Pero ante ti...
no soy poderoso
no domino mi instinto
flaqueo y me rindo
me tiemblan las piernas
y las entrañas se revuelven.
Pierdo la cordura
el sano juicio me abandona
en el mar de la desolación
o en el desierto
de la desesperanza.
Abdico ante ti.
Firmo los tratados
que sean requeridos
por la insanidad de verte
y me desquicio solito.
Claudico sin luchar antes
porque de nada sirve
porque de nada vale
porque aún te quiero.
Te doy tregua, falseo
pinto de blanco
mi bandera de paz
Y la guerra me asusta.
Caigo ante tus armas
que no son más
que un par de ojos
y una boca húmeda.
Tu infantería es tu cabello
y mi caballería
Huye despavorida
ante la pólvora de tu piel.
Me quedo solo, solito,
en la más puta soledad
pidiendo a gritos
un alto al fuego
unilateral, cobarde.
Me desarmo
me caigo a pedacitos
me sostiene solo
el aliento de tus cañones
y mis pies de estatua.
No soy el héroe
de mil batallas
pierdo siempre
en esta guerra.
Abatido dejo el campo
entre los cadáveres del recuerdo
y mi cuerpo se pudre
entre la sangre
de tus sables desnudos
que sin levantarse
ya me han matado
un millón de veces.
Pero esta vez
...el perdedor es quien
escribe la historia.